Nocilla bad dream

De tanto hacer corseting (ceñir el corsé en lenguaje ultramoderno), la figura se nos está desfigurando





Cuidado los fans de Morricone. Piénsenlo dos veces antes de entonar a pleno pulmón y a la intemperie los acordes de La Muerte tenía un precio. El régimen de excepción se hace extensivo, a partir de ahora, a los entusiastas que marchan por la calle al paso de El puente sobre el Río Kwai. Gomeros del mundo, uníos, la galia restringe vuestro lenguaje: "La asamblea francesa aprueba multar con hasta 750 euros a los hombres que silben a mujeres en la calle"(1). La sanción también afecta al piropo, y la pena oscila entre los 90 y los 750 euros, entendemos que en función de la maña con la que afina el silbador o del nivel poético del halago. De tanto hacer corseting (ceñir el corsé en lenguaje ultramoderno), la figura se nos está desfigurando. Y eso penaliza en Instagram, donde Úrsula Corberó rebasa a Georgina Rodríguez en followers, ya acumula más de cinco millones, y se convierte en la nueva reinona de las influencers (2).

Hay semanas que duran mucho más que siete días. Ésta en concreto nos ha sabido a septenio, con velatorio de por medio, en esa toma de posesión, entre funesta y clandestina, de la presidencia de la Generalitat. Apenas han pasado siete años desde el 15-M y parece que hablamos del pleistoceno. Nuestro particular mayo también ha prescrito, dejándonos una pátina de óxido anticapitalista y una comprensión todavía más utilitaria de El Gatopardo. Lo ensayaron en el XIX, lo practicaron en el XX y lo viralizamos en el XXI, la revolución acaba en traición o no acaba en nada. 


Lo ensayaron en el XIX, lo practicaron en el XX y lo viralizamos en el XXI, la revolución acaba en traición o no acaba en nada

Desde El Periódico, Ferran Monegal atiza a los medios públicos, animadores del circo: "Con esta manera de des-informar el periodismo imita a la acreditada revista El mueble. Relato de confort y decoración de interiores" (3). Juan José Millás "abunda" en el individuo, "los pronombres personales han hecho mucho daño en la evolución", para cargar tintas, más tarde, contra el "yoísmo supremacista y el nacionalismo excluyente, que son dos aspectos de lo mismo"(4).

Con la ética gacha, la estética espera su oportunidad en el banquillo. En la noche de los museos, las salas ya tienen el retrato robot de sus visitantes: mujer independiente, de mediana edad, asalariada y con estudios universitarios (5). Pero no solo de público femenino vive el arte. El informe anual de la Formación Alternativas ("conocido laboratorio de ideas próximo al PSOE") pone un 4,7 de nota media a la cultura patria, que no aprueba desde 2011, cuando a duras penas rascó un 5,1 (6)

Lo sabemos a la par que se preestrena en Arizon la ópera Behold the man, inspirada en aquella restauración desoladora del Ecce Homo de Borja a manos de la octogenaria Cecilia Giménez (7). Una imagen tan icónica como la protagonizada en plena alfombra roja de Cannes por Kristen Stewart bajándose de los tacones en señal de protesta feminista para delirio de cándidos. Hace cincuenta años que la cantante británica Sandie Shaw triunfó en Eurovisión sin zapatos con Puppet on a string. Más recientemente, en su etapa culé, Neymar se desalpargataba cada dos por tres, luego supimos que detrás se urdía una codiciosa campaña publicitaria. Otra azulgrana por vía conyugal, Shakira, profesa devoción por las cenicientas descalzas. En España abrazamos el descalcismo en 1983, durante la actuación eurovisiva de Remedios Amaya, un naufragio de dimensiones bíblicas con estribillo patafísico: "¿Quién maneja mi barca?" Spain, 0 points. El alquimista Paracelso lo dejó bien claro: "La diferencia entre una medicina y un veneno está en la dosis".




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